Al final, la semilla que no se haya sembrado no crecerá. Al final, sólo podremos alimentarnos de la presa que hayamos cazado.

A menudo escuchamos que para vivir una vida plena y satisfactoria debemos salir de nuestra área de confort. Esto es verdad, y la mayoría asiente con la cabeza cuando escucha esta frase. Pero pienso que generalmente no se entiende lo que esta frase significa. Si me permites, la explicaré para ti: lo que esto significa, es que si queremos conseguir las cosas buenas de la vida debemos estar incómodos. Esto, por supuesto, no puede ser de otra manera: si sales de tu área de comodidad, estarás incómodo; si no estás incómodo, es porque todavía estás en tu zona de confort.

Así que en la vida debemos amar algo o a alguien. Y reconocer que el miedo y el amor van juntos. A veces, nos dicen que estas dos cosas son enemigos. Y tal vez lo sean. Pero van siempre juntos. Podemos darnos cuenta de que cuando amamos, también hay un miedo enorme y muy presente a que las cosas salgan mal. Esto es así porque nos importan verdaderamente, y sabemos que nuestra única opción cuando amamos verdaderamente, es dar lo mejor que tenemos.  Así pues, debemos amar y esforzarnos por dar lo mejor de nosotros. Para estar seguro de lo que amas, pregúntate si también te asusta un poquito. Y para estar seguro de que te estás esforzando adecuadamente, pregúntate si estás un poco incómodo. Esta es la mejor combinación. Si no te asusta un poco, no lo amas: déjalo, porque no querrás esforzarte por algo que realmente no te importa. Si no estás incómodo, no te estás esforzando: nada crecerá porque nada estás cultivando.

Lo mejor es estar lo suficientemente incómodo para que te des cuenta de que te estás esforzando, de que te estás entrenando en algo, pero no tan incómodo que rehúyas o postergues el esfuerzo por miedo a realizarlo. Poco a poco la soberanía que tienes sobre tu voluntad irá creciendo, y también la confianza que tienes en ti mismo. Poco a poco serás capaz de realizar tareas más grandes porque tus fuerzas serán mayores también. La constancia siempre concentra poderes mayores que los arranques de entusiasmo, y consigue mayores logros.


En esta vida podemos ser guerreros y cazadores, o víctimas y presas. Los guerreros saben que en la vida hay que esforzarse y luchar, y que su destino depende de las destrezas que desarrollen y apliquen. Los cazadores conocen lo que necesitan, conocen su ambiente y conocen la forma de conseguir lo que necesitan en el territorio que la vida les dio. Las víctimas piensan que los demás juegan en su contra y que la vida les debe algo, que las cosas deberían de ser más fáciles, y que no deberían hacer nada hasta que la realidad coincida con sus fantasías caprichosas. Las presas simplemente sirven, con su tiempo y energía, como alimento para otras personas o para hábitos negativos que simplemente los consumen sin otorgar nada bueno a cambio.


Con los buenos hábitos somos como cazadores y con los malos hábitos somos como presas. Los buenos hábitos son aquellos que traen cosas buenas a nuestras vidas. Los malos hábitos son aquellos que traen desgracias a nuestras vidas. Cada uno de nosotros puede decidir qué es lo que quiere y qué está dispuesto a dar como pago por ello. Pero el dolor es parte de la vida y no se puede evitar: o pagamos el precio de la disciplina o pagamos el precio del sufrimiento por los malos resultados. Así que los buenos hábitos son difíciles de atrapar y requerimos esfuerzo y disciplina para salir de la inercia y conseguirlos; los bellos resultados que conseguiremos con ellos harán que todo haya valido la pena. Los malos hábitos son depredadores buscando presas descuidadas o entregadas a la inercia de las cuales alimentarse; permanece distraído y perezoso y no tendrás que buscar la desgracia, ella te encontrará.


Es la actitud de dar lo que nos convierte verdaderamente en adultos, no el tamaño de nuestro cuerpo ni las vueltas que la Tierra ha dado al Sol desde que nacimos. Si seguimos esperando que la vida y los demás nos den aquello que nosotros queremos recibir, seguimos siendo niños, sin importar la cantidad de de grados académicos en nuestro haber o la posición social de la que disfrutemos. Un niño depende de los demás, necesita recibir para poder desarrollarse, y cuanto más joven el pequeño tanto más cierta es esta afirmación. La madurez de una persona puede ser medida por la congruencia con la que su vida se adecúe a la comprensión de que la hoguera necesita de leña antes de que nos pueda dar calor…de que se desarrollará lo que cultivemos y de que somos nosotros los que debemos aprender los principios que rigen la vida y usarlos a nuestro favor con la mayor sabiduría posible, sin esperar a que se vuelva más fácil. La vida no nos debe nada, ella llegó primero.


La paciencia es un hábito importante para llegar al destino que anhelamos y para ver crecer aquello que amamos. La paciencia es la virtud de esforzarnos con perseverancia en el ejercicio de aquello que nos parece deseable, sabiendo que las cosas, por orden natural, necesitan tiempo para desarrollarse. Esperar y ser paciente son cosas diferentes. La persona paciente está caminando, y continúa caminando, sabiendo que más tarde o más temprano llegará al sitio al que desea llegar. Esperar a menudo significa que nos sentamos, inmóviles y frustrados, deseando que el destino elegido se acerque a nosotros. Pero lo único que se acerca a nosotros sin que nosotros nos movamos, es la muerte. Y la muerte llegará de todas formas.


Debemos tener cuidado con los malos hábitos, es verdad. Pero también debemos tener cuidado con aquellos hábitos de los cuáles decimos que “no tienen nada de malo”. No tienen nada de malo pero, ¿tienen algo de bueno? Porque al darles tu tiempo también les estás dando tu vida, y puedes pasarte todo tu tiempo sobre esta tierra haciendo cosas que no tienen nada de malo y descubrir al final que tampoco cultivaste nada de lo que verdaderamente querías cultivar, que no dijiste “te amo” a quien lo querías decir, que no disfrutaste de cosas meritorias…y que ya es demasiado tarde para hacerlo. Vive la vida que quieres y date cuenta de que necesitarás romper tus malos hábitos y tu negligencia para poderlo hacer. Vive la vida que quieres, y hazlo pronto. Vive la vida que quieres, y date cuenta de que solamente lo puedes hacer ahora.